La arquitectura de la luz llega a los hoteles

La luz adquiere un papel preponderante a la hora de proyectar un edificio y decorar un espacio, ya sea interior o exterior. La nuevas tendencias ponen el acento en la luz ambiental y experimentan con la dirección, el color y la intensidad de los focos lumínicos con el propósito de crear sensaciones, de facilitar la interacción del huésped con los volúmenes. Ya no basta con iluminar bien los objetos, las propuestas hoteleras más innovadoras conceden mucha importancia a la gestión lumínica de sus espacios y encargan esta labor a expertos. Son conscientes de que la iluminación puede mejorar o empeorar el proyecto global, tanto arquitectónico como decorativo, de un hotel. Además del criterio meramente funcional, la iluminación de cada estancia variará dependiendo del efecto estético y sensorial que se pretenda conseguir, y de la hora del día, creando espacios multiusos que se transforman según las necesidades. De la experimentación con la luz derivan interesantes proyectos que juegan con el color, la intensidad e incluso con la intermitencia de los haces. La capacidad transformadora de la luz resalta espacios u objetos concretos, crea atmósferas, despierta sensaciones. Desde la luz rutilante de una vela encendida hasta el discreto efecto visual creado por la fibra óptica. Fachadas camaleónicas, luces generales de intensidad cambiante, focos directos para facilitar la lectura, neones que apoyan a proyectos decorativos futuristas, luces guía que alumbran el camino hasta la habitación, focos subacuáticos basados en los principios de la cromoterapia, luces cenitales que resaltan las virtudes de una obra de arte. Infinitas posibilidades y combinaciones, tantas como los ojos que las observan, pues en la arquitectura de la luz los volúmenes cobran el sentido que la mente del observador quiera darle. El dicho “todo depende del cristal con que se mire” que, traducido al lenguaje científico, hace referencia a la percepción, a la influencia de la luz en los neutransmisores cerebrales, capaz de modificar el estado de ánimo y el nivel de atención del individuo. Y, aún conociendo tan valioso arma para seducir a la retina y a la mente humana, hay empresarios hoteleros que siguen empeñados en dejar la iluminación para el último capítulo del proyecto arquitectónico y, por ende, le dedican un presupuesto insuficiente, reduciendo la compleja labor de la iluminación de espacios a la elección de los distintos modelos de luminarias y los puntos en los que éstas van a ser colocadas.
Otros hoteles gestionan su iluminación con una intención efectista, que deslumbra por su originalidad, pero que no resulta en absoluto práctica. Es el caso de hoteles que adornan su fachada con luces que incrementan la contaminación lumínica de una ciudad o de un pueblo, o de aquellos que, obsesionados por las luces ambiente, se olvidan de colocar un buen foco en el cuarto de baño para poder afeitarse o maquillarse cómodamente, o de una lámpara más potente en el restaurante para que el comensal sepa qué se está llevando a la boca.
No están todos los que son, ni son todos los que están, pero hemos querido resaltar los trabajos de iluminación de algunos hoteles europeos que sobresalen por su carácter innovador, su efectismo visual, o su practicidad.

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