La bombilla incandescente, crónica de una desaparición anunciada.

Cuando suceda, a más de un ciudadano le costará creerlo, pero en tres años dejaremos de ver en los comercios las clásicas bombillas incandescentes. La Unión Europea ya ha puesto en marcha el proceso, aprobando un plan para la retirada de estas bombillas en todo su ámbito. El plazo fijado es de tres años, con lo cual, cuando nos queramos dar cuenta, la bombilla incandescente habrá pasado a la historia, cosa que sucederá el primer día de septiembre del año 2012.
Aplicando esta medida se realizará un importante ahorro energético así como un beneficio ecológico, ya que las emisiones de CO2 se reducirían considerablemente. Tampoco debemos perder de vista que supondría un ahorro para las economías domésticas, ya que el uso de bombillas de bajo consumo también reduciría la factura eléctrica.
Pero desde que se comenzó a hablar de esta cuestión a mi me viene a la cabeza una duda, y es que las bombillas de bajo consumo emiten una luz mucho más pobre que las tradicionales, entonces ¿perderemos calidad en la iluminación? La respuesta es aún incierta, pero al parecer la industria está poniendo toda la carne en el asador para mejorar ciertas características de las bombillas halógenas y fluorescentes. Esperemos que esto se traduzca en una mayor luminosidad y un encendido más rápido.
Llegará el momento de renovar las bombillas y el ciudadano se verá obligado a hacer un gran desembolso inicial. Al parecer los españoles vamos a recibir un incentivo que se traduce en el reparto a partir del próximo mes de febrero de más de 20 millones de bombillas de bajo consumo a los usuarios. Este reparto se realizará mediante vales de descuento en la factura de la luz, a razón de una bombilla por hogar en 2009 y otra en 2010.
Es un gesto de agradecer, pero en mi opinión se queda en eso, una buena intención más que una ayuda real. Al final seremos los usuarios los que tendremos que hacer frente al gasto que supone la sustitución de la totalidad de las bombillas del hogar. Seguro que recibiríamos con más alegría una subvención traducida en una rebaja del precio de las mismas, al menos durante un tiempo.
Una de las cuestiones preocupantes es el hecho de que las lámparas compactas fluorescentes contienen mercurio, unos cinco miligramos cada una, con lo cual se deberá concienciar al ciudadano sobre la necesidad de su reciclaje, a la vez que se deberían crear puntos efectivos para su eliminación.
Algunas empresas ya se han puesto las pilas, intentando reducir este contenido, en el caso de Phillips, o instalando contenedores para su recogida en sus tiendas, como ha hecho Ikea.
Ya veremos como discurre este cambio progresivo, aunque mucho me temo que en algunos casos se produzca un efecto de acumulación, con compras masivas de bombillas incandescentes, similar al que se produce ante ciertos acontecimientos, como huelgas de transporte o inminentes subidas de precios.

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